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Concepto:
Los costes de mala calidad son los costes que
desaparecerían si siempre se realizase cada tarea sin deficiencias.
Existen tres clases principales de costes de mala calidad: Costes de
evaluación/inspección, aquellos costes generados a raiz de inspecciones
o controles para asegurar que no nos alejamos de los objetivos marcados;
Costes de fallos internos, costes que se dan cuando el defecto o error se
ha producido pero todavía éste no ha llegado al cliente final y,
finalmente, Costes de fallos externos, costes que se dan cuando el defecto
o error se ha producido y éste llega al cliente final, con lo que estos
costes se convierten en los más críticos de todos.
Cómo medir los costes de mala calidad:
- Identificar las actividades provenientes de la mala calidad.
- El resultado de esta primera fase es la obtención de una lista de
todas las actividades que generan costes de mala calidad, indicando en
qué lugar de la organización se produce el error o la deficiencia
(que no es necesariamente el sitio donde dicho error o deficiencia se
materializa).
- Decidir cómo estimar los costes de cada actividad.
- Se pueden utilizar estas estrategias: Recursos totales, donde se
calculan los costes de mala calidad como producto del coste de los
recursos totales en una clase por el porcentaje de recursos en dicha
clase utilizados en actividades relacionadas con mala calidad; Costes
unitarios, método a través del cual se hallan los costes según el
número de veces que ocurre una deficiencia concreta y todos los
costes asociados a dicha deficiencia (corrección y recuperación,
recursos empleados, retrabajos, ...).
- Recoger los datos y estimar los costes.
- Analizar los resultados y decidir los próximos pasos.
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